Es la pregunta que te haces cuando ya dejaste atrás el caos inicial… pero sientes que, aunque facturas, no controlas tu crecimiento.
¿Deberías contratar? ¿Invertir en tecnología? ¿Expandirte? ¿O simplemente organizar lo que ya tienes?
La respuesta lógica es: “Por el principio”.
Pero… ¿cuál es ese principio?
Muchos pasan años atrapados en esa duda, ejecutando acciones sin rumbo, hasta que su negocio —aunque factura— no los lleva a donde soñaron.
Aquí tienes un mapa práctico, paso a paso, para arrancar cualquier proyecto con claridad:
1. Define con precisión qué quieres
No basta con “ganar más” o “crecer”. Escribe exactamente:
- Qué resultado quieres (ej.: tener $8k/mes de utilidad neta)
- En qué plazo
- Con qué equipo, tecnología o procesos
- En qué mercado o ubicación
Si no lo escribes, seguirá siendo un deseo… no un objetivo.
2. Lista todas las actividades necesarias
Sin filtros. Desde “legalizar tu RIF” hasta “capacitar a tu asistente en facturación”.
Cuanto más completa, mejor.
3. Identifica las prioridades
Una actividad es prioritaria si:
- De ella dependen muchas otras, o
- Si no la haces, el proyecto se detiene o se arriesga.
4. Asigna los recursos reales
Cada actividad requiere: dinero, tiempo, personas o herramientas.
Aquí sabrás si tu proyecto es viable ahora… o qué debes preparar antes.
5. Establece tiempos realistas
No para presionarte, sino para medir tu avance.
Si una tarea se demora el doble de lo previsto, no es pereza: es señal de que hay que dividirla, delegarla o replantearla.
6. Y lo más importante: decide hacerlo
Muchas ideas mueren no por falta de talento, sino por falta de decisión.
Tener el plan perfecto no sirve si no das el primer paso con compromiso.
Eres dueño de tu realización… porque está en tus manos.
No en las circunstancias, no en la suerte, no en “cuando tengas tiempo”.
En tu decisión de actuar.